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Epidemia de corrupción, clave roja


 Es de público conocimiento que en la Republica Argentina la corrupción se expande. Todos los días, en todas partes. Si miramos a nuestra dirigencia ocurre lo mismo. Amado Boudou, el señor que se sienta en el sillón de Rivadavia cada vez que la Presidenta sale de viaje, está procesado por nueva causa. Además del caso Ciccone, ahora se ve comprometido por falsificar los documentos de un auto. Y así como el Vicepresidente, toda la dirigencia política. Ricardo Jaime, Guillermo Moreno, Felisa Miceli y seguramente muchos otros que la justicia no ha descubierto.

Este mes se conoció el caso de la imprenta Donnelly que declaró la quiebra y cerró su planta en Garín dejando a más de 400 empleados en la calle. Los gremios presionaron para que esto no ocurriera pero el caso de fraude es evidente. La industria gráfica sabe lo difícil que se le está haciendo sobrevivir, en un contexto donde reina la escasez y la incertidumbre, mientras los costos son cada vez más altos.

Lo peligroso es que la sociedad se va acostumbrando y lo que antes era un delito vergonzoso, se convierte en normal. Una de las frases de Jorge Lanata lo grafica a la perfección: “La corrupción es con el aire acondicionado. Primero, lo escuchás cuando lo ponen y después lo dejás de escuchar”. De esa manera se va esparciendo en todos los ámbitos.

Al cierre de esta edición, nos llego una información de un alto dirigente de la Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines (FAIGA), que además, ocupa un importante cargo ejecutivo en la Unión Industrial Argentina por “defraudación por administración fraudulenta”. La Policía Federal se hizo presente en su empresa secuestrándole carpetas, libros contables y varios otros documentos. En el próximo número vamos a ampliar este importante caso de estafa.

 



Oscar de Luca